En 1884 aparecieron, cerca de la aldea de Cucuteni, en el distrito de Iași, unos fragmentos de cerámica pintada: arcilla cocida del color del ocre, cubierta de espirales negras y rojas que parecen girar alrededor de la vasija sin principio ni fin. Pocos años después, el arqueólogo Vikentiy Khvoyka halló la misma cerámica cerca de Trypillia, junto al Dniéper, al sur de Kyiv. Dos nombres, una sola cultura. La cultura Cucuteni-Trypillia pertenece a la vez a Rumanía, a la República de Moldavia y a Ucrania, y su ornamento sigue con nosotros: en el bordado, en el barro, en la manera de poner una mesa.

Este ensayo sigue la espiral desde el Neolítico hasta el presente, y hasta el taller de Koza Dereza en Ternópil, cuyos nuevos textiles para el hogar parten de Trypillia.
Una cultura, dos nombres, tres países
Entre el VI y el III milenio a. C., comunidades de agricultores se extendieron por unos 350.000 kilómetros cuadrados, entre los Cárpatos y el Dniéper. En su fase media, hacia 4100–3500 a. C., la cultura levantó asentamientos de una escala que Europa no volvería a ver hasta mucho después. Talianky, en la actual región de Cherkasy, ocupaba unas 335 hectáreas y pudo albergar a unas 15.000 personas; los mayores de estos megasitios llegaron a reunir tres mil edificios, siglos antes de las primeras ciudades de Sumer.

Estas comunidades practicaban además un rito que los arqueólogos aún discuten: cada sesenta u ochenta años, aproximadamente, el asentamiento se incendiaba y se reconstruía. En Poduri, en el distrito de Bacău, se superponen trece niveles de ocupación.
El lenguaje de la espiral
La cerámica de Cucuteni se modelaba a mano con churros de arcilla y se cocía en hornos de dos cámaras, a unos 900 °C. Su pintura es la firma de la cultura: negro, rojo y blanco sobre un fondo cálido, en espirales, meandros y volutas en forma de S que envuelven toda la vasija en un solo movimiento. La decoración se lee como ritmo. Basta mirar un rato un ánfora de Cucuteni para que la mirada empiece a girar con ella.
![]()
Junto a la cerámica, la figura: miles de pequeñas estatuillas de arcilla, femeninas en su mayoría, a menudo llamadas «diosas». La arqueóloga Marija Gimbutas construyó sobre ellas su teoría de una «Vieja Europa» matriarcal; muchos especialistas las leen hoy con más cautela, como objetos de usos diversos y en parte desconocidos. Su presencia, al menos, es indiscutible.

El bordado: un parentesco de formas
Rombo, espiral, gancho, Árbol de la vida. Estos motivos recorren el bordado rumano y el ucraniano, y la tentación de trazar una línea recta desde una vasija neolítica hasta una camisa campesina es fuerte. Los especialistas son prudentes aquí, y nosotros también. La Encyclopedia of Ukraine señala que las comunidades de Trypillia desarrollaron muchos de los elementos principales del ornamento geométrico, y que el ornamento campesino conservó motivos geométricos antiguos, como el rombo, signo del sol, la fertilidad o el matrimonio, hasta finales del siglo XIX, mientras su significado se desvanecía.
Lo que sí puede afirmarse: el vocabulario rima a lo largo de siete mil años, y los creadores contemporáneos lo citan de forma deliberada. El textil también tiene una larga historia en estas tierras. En 2024, la reserva «Cultura de Trypillia» de Lehedzyne expuso durante un día un fragmento de tejido de más de 6.000 años, hallado en la región de Jmelnitski.

Koza Dereza, manufactura fundada en Ternópil en 2008, pertenece a esa tradición de la cita. Su línea Trypillia toma del mismo repertorio un pájaro, símbolo de vida y abundancia, y lo lleva al algodón: véanse el cojín bordado Pájaro de Trypillia y el camino de mesa Pájaros de Trypillia. Del lado rumano, el rombo y el gancho viven en los hombros de la ie con altiță, inscrita por la UNESCO en 2022 en el patrimonio inmaterial de Rumanía y la República de Moldavia.
La arquitectura: tierra, madera y las primeras ciudades
Las casas Cucuteni-Trypillia tenían estructura de madera, muros de entramado de varas revestido de barro, suelos de troncos partidos y techos de paja. Algunas tenían dos plantas, y en algunos muros exteriores aparecían volutas de ocre rojo: las espirales de la cerámica a la escala de una fachada. Pequeñas maquetas de casas en arcilla, halladas en varios yacimientos, muestran cómo veían sus moradas quienes las habitaban.

La técnica sobrevivió a la cultura durante milenios. La paiantă de las aldeas de Moldavia, una estructura de madera rellena de barro y paja, trabaja con los mismos materiales. En 2008, un centenar de voluntarios se reunió en Lehedzyne, en la región de Cherkasy, para una toloka, una jornada de trabajo comunitario, y revocar con barro, paja y cascarilla una casa tripiliana reconstruida y un taller de alfarero, con muros de treinta a cuarenta centímetros de grosor.

La escultura: la figura en el círculo
Entre los objetos más bellos de Cucuteni está la llamada danza de Frumușica: cuatro figuras femeninas estilizadas, unidas en círculo sobre una base común. Para un ojo rumano, es al instante una horă, la danza en corro.

La mayor colección de este arte en el sudeste de Europa está en Piatra Neamț, en el Museo de Arte Eneolítico Cucuteni, abierto en 2005 en un edificio bancario de los años treinta diseñado por el arquitecto italiano Carol Zani; la antigua cámara acorazada alberga hoy los fondos arqueológicos. En Ucrania, la cueva de Verteba, cerca de Bilche-Zolote, en la región de Ternópil, sirvió a las comunidades de Trypillia durante más de un milenio y ha entregado miles de piezas, entre ellas figurillas de arcilla; dentro de la propia cueva funciona hoy un museo de la cultura de Trypillia.

La escultura contemporánea ha retomado el diálogo. En el verano de 2026, el Museo Etnográfico de Transilvania, en Cluj-Napoca, presentó «Cucuteni Reinterpretat», diez obras de ceramistas de Rumanía y otros países que partieron de espirales, figuras geométricas y pigmentos naturales. El primer premio fue para Cătălina Leontescu por «Moștenirea» (La herencia); Matei-Alexandru Siminic respondió a la danza de Frumușica con «Hora Fertilității».
La decoración: la vasija sobre la mesa
En Iași, la feria de cerámica tradicional lleva desde 1983 el nombre «Cucuteni 5000». Nació en 1970 y reúne cada junio, en el parque Copou, a alfareros de toda Rumanía; en 2025 alcanzó su quincuagésima quinta edición. En Baia Sprie, en Maramureș, el maestro alfarero Daniel Leș tornea un «vaso Cucuteni» de terracota con tres pies y treinta y cinco centímetros de alto, cuya espiral sigue modelos neolíticos.
La investigación ucraniana en diseño lee el mismo ornamento como un recurso. Un estudio de 2024 de Tetiana Kasyan y Oksana Sira describe los motivos tripilianos como fundamento del etnodiseño contemporáneo, una forma de anclar los objetos en una historia profunda. Desde 2008, el festival Trypilske Kolo, en Rzhyshchiv, junto al Dniéper, reúne cada verano a músicos en torno a la misma herencia.
Koza Dereza devuelve el ornamento al lugar de la vida diaria: la mesa y el sofá. Sus cojines, caminos de mesa y servilletas Trypillia conviven con los textiles nupciales de la misma colección, entre ellos el rushnyk nupcial rojo, primo ucraniano del ștergar rumano.

Una herencia compartida
Cucuteni-Trypillia es anterior a todas las fronteras que hoy cruzan su territorio. Su espiral pertenece a Iași y a Ternópil, a Chișinău y a Kyiv, y los creadores que hoy vuelven a ella leen los mismos signos desde las dos orillas del Prut y del Dniéster. Por eso Blouse Roumaine Shop presenta estas piezas juntas: la artesanía rumana y la ucraniana hablan una lengua común, y su palabra más antigua es una espiral.
Descubre los textiles para el hogar de Koza Dereza y la colección de blusas rumanas en Blouse Roumaine Shop.
0 comentarios